27 de octubre de 2008

Prototipo racial de la raza bovina de lidia

Para muchos, el Toro de Lidia es un animal más, un animal de los muchos que componen la zoología, es decir, cuatro patas, cabeza con un par de pitones, rabo largo y a correr por el campo. Nada lo diferenciaría para ellos de un toro de carne. Para los que somos aficionados a la Fiesta es, sin duda, la parte fundamental de esta. Los toreros pasan, las plazas, las aficiones, pero el toro queda. Queda y se perpetúa gracias a que es la pieza que nunca cambia, evoluciona, pero no cambia.
Una curiosidad que no sé si muchos aficionados conoceréis es que el prototipo de toro de lidia está legislado, es decir, que hay una norma que define las características que ha de tener, hace una introducción histórica en sus Disposiciones Preliminares e incluso se atreve a dar definiciones de términos taurinos en su Anexo II.
Es por el Real Decreto 60/2001 por el que se aprueba la reglamentación por la que se establecen los criterios básicos de determinación del prototipo racial del bovino de lidia. En su Anexo I, tres artículos delimitan el morfotipo, los caracteres físicos del toro (cabeza, cuello, tronco, grupa, estremidades y aplomos, piel, pelo y mucosas, y las capas de pelaje) y el prototipo racial por encastes. A priori, puede resultar poco llamativo para un aficionado la lectura de un real decreto, pero el vocabulario utizado para su redacción hace recordar más a un libro de tauromaquia que a una regulación pesada y aburrida, sentando las bases de lo que, tras años de selección genética y racial es hoy el toro de lidia que se echa en las plazas y las hembras de las ganaderías.
Así, destacaría el gran abanico de definiciones que se citan, con todas sus variedades, pero, sobre todo, esta norma tiene valor, desde el punto de vista del aficionado por la distinción que hace del prototipo del toro en función de su encaste, definiendo las notas diferenciales de cada uno de ellos. En mi opinión, el título de este artículo es erróneo ya que el contenido se refiere concretamente a las castas fundacionales.
Casta Cabrera (encaste Miura), Casta Gallardo (encaste Pablo-Romero), Casta Navarra, Casta Vazqueña, Casta Vistahermosa (encaste Murube-Urquijo, Contreras, Saltillo, Santa Coloma - Buendía, Gracilano Pérez Tabernero y Coquilla), Albaserrada, Urcola, derivados de Parladé (Gamero Cívico, Pedrajas, Conde de la Corte, Atanasio Fernández, Juan Pedro Domeq, Núñez y Torrestrella) y Vistahermosa (Hidalgo-Barquero, Vega-Villar y Villamarta) y otras castas. En esta relación, podemos notar que quedan fuera los encastes de Cuadri o Baltasar Iban, o aquellas antiguas como la Morucha o del Raso Portillo.
Aparte de las críticas que se puedan hacer al contenido de la norma, es necesaria una regulación que permita conservar y respetar lo conseguido tras siglos de evolución y que delimite de alguna manera las ganaderías que pueden criar los toros de lidia y en qué condiciones.

16 de octubre de 2008

Me lanzo al ruedo... sin picadores

Como no sé escribir con tanta ligereza y tanto sentimiento como los cronistas taurinos ni sé tanto de leyes como los letrados de las plazas, mi pretensión es ser uno más de esta comunidad taurina, que me ha sorprendido aportando mi visión personal de toreros, toros y empresarios. Al final, arte, casta y dinero.
Tengo la intención de escudriñar las normas relativas al mundo de los toros, los contratos de toreros, mozos de espadas, apoderados y relativos.
Pero, sobre todo, me dejaré caer para expresar lo que me hizo sentir una faena, un par de banderillas o un simple natural.
Por aquí estaremos...